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El cobertizo, la choza o la casita en la obra de Manolo Rincón, es un tema recurrente que se repite a lo largo del tiempo en sus obras. Siempre ejecutada con una estructura muy elemental y en múltiples y sorpresivas variaciones, una veces con trazos de un suave o, también, un muy fiero cromatismo, otras adornadas vivamente, o tiernamente acentuadas con tan solo unas leves
pinceladas y otras muchas bien camufladas y escondidas detrás de motivos ajenos de estructuras varias que tan sólo parecen servir de tapadera o para cubrirlas de un tupido velo.

Cada uno de los cuadros en los que aparece, sorprende por su belleza y por su fuerza expresiva, formando un conjunto de gran unidad emocional.

La insistencia del pintor en este tema podría encontrar su referente en el escritor y poeta alemán Friedrich Hölderlin (1770-1843): “lo poético es la casa del hombre”, lo que desarrolla explícitamente en el fragmento de uno de sus poemas:

EN EL BOSQUE
Pero en cobertizos vive el hombre,
y se cubre con indumentaria pudorosa,
porque cuanto más íntimo más cauteloso es también y para así guardar el espíritu,
como la sacerdotisa la lama celestial,
ese es su entendimiento.

O bien, como el mismo relata al preguntarle por la recurrencia en el tema, sea el más íntimo deseo de Manolo Rincón de un hogar al que volver y encontrar esa cama propia, que no tuvo de niño, cómplice de la pasión de amores furtivos; de la calma de los sueños profundos en brazos de su compañera de vida; de las lágrimas de la soledad y las sonrisas en calma al despertar en
esa Axarquía verde, bañada por ese mar azul intenso.

Azul y verde, como la paleta que Manolo Rincón usa en esta obra pintada desde la calma, que trasmite combinada con e el verde en una paleta natural y acuosa, elegante, que se mezcla con tonos rosas que evocan los atardeceres de la primavera.

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