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La gruesa textura de cada pincelada de Manolo Rincón en esta obra, nos lleva a identificar claramente pétalos y hojas que se mezclan de forma armónica. Un manto cuyo espesor invita a querer tocar la pintura, a olerla en busca de ese aroma de flores y tierra mojada, que nos adentra en la profundidad de la naturaleza.

En el afán del artista por la experimentación y de expresarse en un aquí y ahora, esta obra de pequeño formato, está realizada sobre una tabla redonda, que tanto recuerda a la luna llena. La luna, otro de los elementos que  toma protagonismo en tantas de las marinas del pintor.

Lunas cargadas de energía que iluminan las sombras, los miedos y las inseguridades, convirtiéndose en faro para uno mismo y para los demás.

En esta obra en la que la naturaleza toma protagonismo, el artista alimenta su crecimiento personal, una pintura renovada y fresca, que nos traslada a la profundidad de la foresta.

El color púrpura le otorga elegancia a esta obra y si bien, es un color muy poco frecuente en la naturaleza, por lo que muchos expertos afirman que es un color artificial, con él consigue trasladarnos a un mundo de magia en el que predomina la tranquilidad.

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