fbpx

La bicicleta, al igual que el cobertizo o la casa, es un tema recurrente en la pintura de Manolo Rincón. En esta obra, en la que el rojo toma protagonismo, el artista experimenta no sólo con el color, sino con distintas texturas y elementos como la madera, que superpone sobre el lienzo y el espejo, dando volumen y dotando de movimiento el cuadro.

Un elemento que contextualiza las emociones del artista a lo largo del tiempo, en múltiples versiones de bicicletas. Unas veces evocando el espíritu más infantil del autor en el que le gustaría volver a esos años de infancia, en busca de libertad, a pesar de que Manolo, desde muy pequeño, acompañaba a su padre cuando ejercía de practicante. Otras, como simbolismo inconsciente, del mecenazgo que el pintor ejerce con los equipos paralímpicos.

El rojo enriquece y estimula el cuadro, perfectamente armonizado por el amarillo, promoviendo el movimiento y la actividad que acompaña a la bicicleta en una búsqueda constante de Manolo Rincón, por la estabilidad y el equilibrio.