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En esta obra de Manolo Rincón las formas rojas se baten sobre el lienzo verde, como amalopas que agita el viento, curvando sus inmensos tallos. 

 

 El escarlata intenso le otorga un dramatismo al cuadro que no pasa inadvertido a quien lo observa, promoviendo movimiento  y la actividad.

 

La fragilidad de los pétalos de las amapolas de Manolo Rincón se plasma en las formas que adoptan, como si los delicados pétalos fueran a fundirse en el verde sus tallos y el ocre de la tierra.

 

La amapola no solo refleja la pasión del artista, sino que tiene un vínculo mayor con Manolo Rincón al relacionarse directamente con el uso medicinal. Popularmente se asocia contra el insomnio, la pleuresía, los reúmas y cólicos. Pero también es asociada a la fertilidad, que casualmente es ésta una de las especialidades de las clínicas del pintor y empresario. El cultivo para usos medicinales de estas flores silvestres se remonta al Renacimiento y su belleza y colorido han protagonizado diversidad de canciones, mitos y leyendas populares a lo largo de la historia.

 

El significado de la amapola está fuertemente ligada al mito de Perséfone. Según reza la mitología griega, Demeter, diosa de la tierra y la fertilidad, tenía una hija, Perséfone, que estaba recogiendo amapolas cuando fue raptada por Hades, el dios de los infiernos quien quería desposarse con ella.

 

 Cuando Demeter vio que su hija no regresaba e ignorante del destino de ella como esposa del señor del inframundo se dedicó a recorrer el mundo para buscarla y prohibió a la tierra que produjera frutos hasta que no la encontrara. Zeus, padre de los dioses, tuvo que intervenir y ordenó que Perséfone pasara seis meses al año con Hades y seis meses en la tierra con su madre. Por eso la tierra duerme durante la ausencia de Perséfone y despierta a su regreso.

 

Rapto de Perséfone, de Rubens 

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